- 🎧 Ocho canciones nuevas que mezclan nostalgia, club y amor digital sin pedir permiso
- 💿 De Oneohtrix Point Never a Tems, el mapa sonoro raro pero real de 2025
- 🧠 Estos temas hablan de memoria, ego y pantallas mucho más de lo que parece
¿Oneohtrix Point Never encabezando una playlist junto a amapiano, rap carcelario y pop glitch? Estas canciones nuevas dibujan un mapa raro pero muy real de cómo suena 2025.
El raro hilo que une estas canciones
Una canción que empieza como sintonía de tele noventera y acaba en dubstep, otra que declara “quiero follarme a mi ordenador” y un himno amapiano que convierte un reproche amoroso en baile colectivo. Esta tanda de temas nuevos no es solo otra playlist: es casi una radiografía emocional de 2025.
El punto de partida es “Rodl Glide” de Oneohtrix Point Never, incluido en una selección reciente de The FADER junto a Max B, Tems, Ninajirachi, Frost Children y más. Podría leerse como un simple desfile de novedades, pero si se escucha con calma aparece un patrón: todas hablan de cómo vivimos entre memoria, ego y pantallas.
Yo también he sentido esa mezcla de curiosidad y agotamiento al abrir una playlist de “canciones nuevas” y preguntarme qué parte de mi vida reflejan sin que yo me dé ni cuenta.

Nostalgia glitch: Oneohtrix y compañía
“Rodl Glide” arranca como un recuerdo borroso: ecos, bruma, algo que suena a jingle de contención telefónica de los 90, de esos que quedarían de fondo mientras haces cualquier otra cosa. Solo que aquí no hay fondo posible: la textura se va retorciendo hasta que, a mitad del tema, cae de golpe en un paisaje cercano al dubstep, pesado y físico.
Eso que hace Oneohtrix Point Never no es nostalgia fácil, es nostalgia glitch. Toma un sonido reconocible (la música de espera, la tele de infancia) y lo corrompe hasta que se parece más a cómo recordamos las cosas que a cómo fueron realmente: fragmentadas, algo incómodas, imposibles de volver a vivir igual.
Esa misma lógica de memoria distorsionada aparece en otros cortes del lote:
- Absolutely firma en “No Audience” un tema que suena a villancico fantasma, casi ritual, perfecto para escucharse a la luz de velas. Es pop pero tiene algo de sesión espiritista, como si invocara versiones pasadas de una misma.
- The Hellp, con “Live Forever”, juega a condensar fin de curso, último mes de verano y duelo amoroso en un solo crescendo electrónico. No se entiende del todo de qué se despide, pero se siente que se está cerrando algo importante.
Lo interesante es que son canciones hechas para el presente ultra digital, pero obsesionadas con estados de ánimo que parecen fuera del tiempo: despedidas vagamente definidas, liturgias íntimas, recuerdos que no terminan de encajar. No cuentan historias lineales, dibujan estados mentales.
Para quien las escuche en Madrid, Buenos Aires o Ciudad de México, lo que importa no es de dónde vienen los artistas sino esa sensación de “esto podría sonar en mi cabeza mientras miro el móvil en el metro”. Son himnos de interior.
Ego, deseo y la pista como confesionario
El otro bloque potente de esta selección viene del lado más callejero y corporal: temas donde se habla de poder, deseo, dinero y heridas recientes, pero siempre sobre bases diseñadas para el streaming y la fiesta.
- Max B reaparece con “No More Tricks” como regreso post-cárcel cargado de bravuconería. El tono es de recibimiento triunfal: referencias a coches blindados, a sellos, a alianzas y traiciones. No es solo una canción, es un comunicado de estatus.
- Tems, en “Big Daddy”, se sube a un beat entre house sudafricano y amapiano para poner contra las cuerdas a un ex sin ambición: preguntas directas, nada de metáforas, y un groove que parece diseñado para sonar tanto en Lagos como en cualquier club europeo. Según Billboard, Tems llegó al número 1 del Hot 100 en 2022 como parte de “Wait for U”, y aquí se nota esa seguridad de quien ya sabe que su voz mueve listas y narrativas.
- Tommy Richman y Brent Faiyaz, en “BOTHER ME”, llevan el R&B a un lugar nocturno y mojado por la lluvia: un reproche envuelto en distorsión y toxicidad elegante. “No quiero que me molestes, no hay otro como yo” se convierte en mantra autoafirmativo.
- Eem Triplin, con “If I Wanted To”, hace flex relajado sobre un beat raro y algo siniestro; presume, pero en voz baja. Es la seguridad del chico que pasó de hacer instrumentales en su cuarto a vivir de ello y ahora puede permitirse sonar casi aburrido de su propio éxito.
Si se juntan, estos temas dibujan un mapa bastante claro de cómo se representará el ego en 2025:
- La victoria como storyline: del regreso de Max B a las letras de Eem, el éxito es casi un arco narrativo continuo.
- El baile como terapia pasivo-agresiva: Tems y Richman disfrazan reproches muy afilados con ritmos irresistibles.
- La vulnerabilidad codificada: hay dolor, orgullo herido y miedo a la soledad, pero se expresan en clave de flex o ironía.
Al final, la pista de baile y las playlists de Spotify o Apple Music se vuelven confesionario. No se dicen “me siento solo”, se dice “no hay otro como yo” o “dónde estabas cuando te necesité” sobre un bassline que te obliga a mover el cuerpo.
Un consejo sencillo: si un tema te hace bailar y al mismo tiempo te remueve algo incómodo del estómago, no lo quites. Probablemente está contándote algo sobre ti que aún no sabes nombrar.

Amor digital, ordenadores y agotamiento mental
La pieza más explícitamente 2025 de la selección es “Fuck My Computer” de Ninajirachi con Frost Children. Parte de aquella intuición profética de “Computer Love” de Kraftwerk y la lleva al extremo lógico de la era de las apps de citas y los novios de IA.
“I wanna fuck my computer ‘cause no one in the world knows me better.”
Más allá del titular fácil, la frase clava una sensación generacional muy concreta: la idea de que la máquina te entiende más que la gente que te rodea. El ordenador recuerda tus gustos musicales, tus búsquedas, tus chats; te ofrece recomendaciones hiperprecisas. Las personas, en cambio, fallan, se ausentan, decepcionan.
El tema suena a pop glitchado, hiperactivo, con capas de ruido digital que parecen imitar notificaciones, fallos de conexión, pantallas que se congelan. No es solo una canción sobre sexo con un ordenador; es sobre rendirse ante la intimidad algorítmica cuando las relaciones humanas parecen demasiado trabajosas.
Curiosamente, esa misma tensión recorre toda la playlist de The FADER: canciones profundamente humanas, llenas de contradicciones, empaquetadas y distribuidas por plataformas que te conocen mejor que mucha gente cercana. La promesa de sus playlists (“Songs You Need In Your Life”) es casi romántica: te juran que necesitas esos temas, que saben lo que te va a tocar la fibra.
Seguro que alguna vez has sentido que un algoritmo te lee la mente cuando te recomienda justo la canción que encaja con tu día raro. La pregunta incómoda es: ¿quién está curando realmente esa emoción, un equipo editorial o una máquina que aprende de tus datos?
En ese cruce, temas como “Rodl Glide” o “Live Forever” funcionan casi como cortocircuito: suenan a recuerdos y emociones desbordadas dentro de un entorno que lo quiere etiquetar todo. Son la interferencia humana en un sistema que busca patrones limpios.
Cerrar el reproductor (por un momento)
Si se escucha esta selección de golpe, aparece una especie de guion invisible: empezamos en la memoria distorsionada, pasamos por el ego y las conquistas, y terminamos frente a la pantalla, negociando nuestra intimidad con máquinas que cada día nos conocen mejor.
Lo llamativo no es solo la mezcla de géneros (electrónica experimental, amapiano, rap, hyperpop), sino cómo todos estos artistas parecen hablar del mismo desorden emocional desde ángulos distintos. Canciones que podrían quedarse en “temazos nuevos para añadir a tu playlist” acaban siendo pequeñas cápsulas de cómo convivimos con la nostalgia, la vanidad y la hiperconexión.
Quizás el truco esté en escuchar estas novedades no como ruido de fondo, sino como pequeñas escenas de una película que todavía estamos montando. Cada semana cambian los créditos, pero el conflicto central sigue ahí: entender quiénes somos cuando todo, desde el recuerdo de un jingle hasta el crush de turno, pasa por una pantalla.

Preguntas frecuentes
¿Quién es Oneohtrix Point Never y qué tiene de especial “Rodl Glide”?
Oneohtrix Point Never es el alias del productor estadounidense Daniel Lopatin, conocido por su electrónica experimental y bandas sonoras de cine. “Rodl Glide” destaca por mezclar un inicio casi de jingle noventero con un giro a mitad de tema hacia un paisaje cercano al dubstep. Si quieres entrar en su universo, este single es una buena puerta antes de explorar sus discos más densos.
¿Qué género mezcla “Big Daddy” de Tems y por qué suena en todos lados?
“Big Daddy” de Tems combina house sudafricano y amapiano con R&B, lo que la hace funcionar tanto en radios mainstream como en clubs. La nigeriana, que ya fue número 1 del Hot 100 con “Wait for U”, usa aquí una base bailable para lanzar preguntas muy duras a un ex. Si te engancha, busca también sus EPs previos, donde explora un R&B más introspectivo.
¿En qué estilo encaja “Fuck My Computer” de Ninajirachi y Frost Children?
“Fuck My Computer” de Ninajirachi con Frost Children se mueve entre el hyperpop y la electrónica de club, con muchos efectos glitch y voces procesadas. Es ideal si te gustan propuestas exageradas y muy digitales, al estilo de 100 gecs o del pop experimental que abunda en Bandcamp. Para no agobiarte, escúchala junto a otros temas de la playlist y deja que el contraste haga su efecto.
¿Dónde puedo escuchar todas estas canciones nuevas juntas?
Esta selección aparece en una playlist editorial de The FADER, disponible tanto en Spotify como en Apple Music bajo el concepto “Songs You Need In Your Life”. No hace falta buscar tema por tema: basta con teclear el nombre de la playlist o del medio en tu plataforma preferida y dejar que la cola de reproducción te vaya descubriendo cada corte.

