- 🎬 ‘Los adioses’ en Netflix desmonta el biopic cómodo y enseña el coste real de ser autora
- 💥 La peli convierte la vida de Rosario Castellanos en campo de batalla emocional y político
- 🧠 Ideal para un maratón de cine feminista mexicano que vaya más allá del eslogan
¿Qué pasa cuando ves ‘Los adioses’ en Netflix esperando un biopic clásico y te encuentras con una película que desnuda el costo íntimo de ser mujer intelectual en México? Aquí el porqué incomoda tanto.
Una autora convertida en incómodo espejo
Hay una escena en Los adioses que se queda clavada: una mesa llena de hombres opinando con autoridad, y en un extremo, Rosario Castellanos, midiendo cada palabra como si todo su prestigio dependiera de una frase mal dicha. No hay gritos ni violencia explícita, solo miradas que pesan toneladas. Ahí está condensado el corazón de la película.
La cinta de Natalia Beristáin, disponible en Netflix en varios países de Latinoamérica y España, parte de una pregunta sencilla pero demoledora: ¿qué sacrificios cotidianos se esconden detrás de una autora que hoy citamos en Instagram como si hubiera escrito desde la calma total? A partir de ahí, la película decide no hacerle un monumento a Rosario, sino algo mucho más incómodo: devolverle cuerpo, dudas, rabia y contradicciones.
En un momento en que todo se empaqueta en frases motivacionales, Los adioses llega para recordarnos que el “éxito intelectual” femenino nunca fue una línea recta, y casi nunca salió gratis.

Biopic sin pedestal ni filtro suave
Lo fácil habría sido construir una biopic “de postal”: infancia difícil, talento precoz, un par de escenas de machismo evidente y final luminoso. Los adioses hace justo lo contrario. La estructura salta entre una Rosario joven (Tessa Ía) y una Rosario adulta (Karina Gidi), mostrando cómo ciertas violencias se repiten, solo que se vuelven más sofisticadas.
La película evita dos trampas muy típicas:
- No convierte a Rosario Castellanos en santa ni heroína de bronce.
- No demoniza sin matices a los hombres, especialmente a Ricardo Guerra (encarnado por Daniel Giménez Cacho y Pedro de Tavira en distintas etapas).
Lo interesante es cómo el guion se mete en las fisuras: una discusión de pareja que empieza siendo doméstica y acaba revelando quién tiene “derecho” al tiempo para pensar; un ascenso académico que se celebra en público mientras en privado se cobra en soledad; la maternidad como espacio donde se mezclan ternura y culpa.
Según la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Karina Gidi ganó el Ariel a Mejor Actriz por este papel, y se entiende: interpreta a una Rosario agotada pero lúcida, brillante pero llena de dudas, sin subrayados dramáticos. Esa contención es, en sí misma, un manifiesto.
Rosario más allá de la quote de Instagram
Durante años, Rosario Castellanos ha circulado en redes en forma de frases sueltas, muchas veces fuera de contexto. Los adioses hace exactamente el movimiento contrario: coloca contexto por encima de la frase redonda.
Vemos a una Rosario que viene de Chiapas, que carga con una familia, con un país clasista y racista, y con un entorno intelectual que le permite entrar, sí, pero solo hasta cierto punto. La película se apoya en cartas, textos y momentos biográficos, pero no para recitarlos, sino para preguntar: ¿qué parte de todo esto hemos borrado cuando la reducimos a un par de citas inspiradoras?
Ahí es donde la cinta se siente especialmente contemporánea. En pleno boom feminista, es muy fácil convertir a las autoras en “íconos” que todo lo soportan. Beristáin, en cambio, se empeña en mostrar cómo la brillantez de Rosario convive con la fragilidad emocional, con errores afectivos, con decisiones moralmente grises.
Si alguna vez te has preguntado por qué cuesta tanto conciliar vida creativa, trabajo y relaciones sin sentir que siempre estás fallando en algo, la película aprieta ahí.
Tres gestos que la hacen distinta
- La intimidad está por encima del dato histórico: importa más cómo se siente Rosario que qué año exacto es.
- La relación de pareja se filma como un pulso de egos, pero también de miedos, lejos del maniqueísmo.
- La UNAM y los espacios académicos aparecen como escenarios reales, no como postales bonitas, llenos de jerarquías y silencios.
Te recomiendo verla en una noche tranquila, sin móvil cerca, para dejar que esos silencios hagan su trabajo.

Netflix, algoritmos y feminismo sin glitter
Que Los adioses esté en Netflix no es un detalle menor. En un catálogo saturado de true crime, comedias románticas y biopics musicales, que una película así aparezca como sugerencia puede ser casi un accidente feliz del algoritmo. O quizás una señal de que algo está cambiando en lo que consumimos.
No es un filme “fácil”: tiene ritmo pausado, pocos subrayados musicales y un tono que incomoda más de lo que consuela. Aun así, dialoga de frente con debates actuales: violencia de género, techo de cristal académico, paternidades y maternidades atravesadas por expectativas imposibles.
¿Y qué pasará si la ve alguien que nunca ha oído hablar de Rosario Castellanos? Probablemente encuentre una historia de amor y trabajo que se rompe a cámara lenta. Quien luego busque sus libros se topará con Balún Canán, Oficio de tinieblas o sus poemas, y quizá lea de otra manera esas páginas sabiendo lo que costó escribirlas.
Verla es aceptar que la admiración no sirve de nada si no estamos dispuestos a mirar también las grietas.
Hay un momento de empatía muy sencillo que la película captura bien: la sensación de entrar a una sala llena de gente “más importante” y tener que justificar por qué estás ahí; yo también lo viví en mis primeras coberturas culturales, y esa incomodidad sigue siendo muy reconocible para muchas mujeres.
Cerrar la puerta, abrir los ojos
Al final, Los adioses no cambia la historia oficial de Rosario Castellanos, pero sí cambia la manera en que la miramos. Deja de ser únicamente la gran intelectual mexicana para convertirse en una mujer que lidió con la soledad, con el deseo, con el miedo al fracaso y con un entorno que le pedía éxito, pero sin salirse del guion patriarcal.
Verla hoy, en una plataforma global, tiene algo de justicia poética rara: durante décadas, ese tipo de historias quedaban atrapadas en cineclubes y ciclos universitarios. Ahora caben en la misma app donde están los blockbusters de siempre. Y eso, aunque parezca un gesto pequeño, abre una puerta a que más vidas complejas, incómodas y profundamente humanas entren en la conversación pop.
Quizá ahí esté lo más valioso de la película: nos obliga a admitir que admirar a una autora también implica mirar el sistema que casi la rompe, y preguntarnos qué estamos haciendo para que las Rosarios de hoy no tengan que pagar el mismo precio.

Preguntas frecuentes
¿De qué trata exactamente ‘Los adioses’?
Los adioses sigue la vida de Rosario Castellanos, desde su juventud en Chiapas hasta su etapa como escritora y diplomática en Ciudad de México. No es una biografía enumerada, sino un retrato emocional de cómo su talento choca con el machismo estructural. Si la ves, fíjate en cómo cada discusión doméstica refleja también una batalla política.
¿Necesito conocer la obra de Rosario Castellanos antes de ver la película?
No hace falta haber leído nada de Rosario Castellanos para entrar en la historia. La película se entiende sola como relato de pareja, trabajo y ambición intelectual. Eso sí, después es buena idea buscar al menos un libro suyo para conectar las escenas con su voz escrita.
¿Por qué se considera una película feminista?
La cinta de Natalia Beristáin es feminista porque muestra el costo íntimo de ser mujer en espacios dominados por hombres, sin convertir a Rosario en mártir ni en villana perfecta. Si te interesa el cine que habla de género sin caer en el panfleto, esta es una opción potente para sumar a tu lista.
¿Con qué otras películas mexicanas la puedo ver en maratón?
Puedes armar un maratón potente combinando Los adioses con Ruido (también de Beristáin), Las niñas bien y Leona. Todas exploran, desde tonos distintos, cómo se mueven las mujeres dentro de estructuras de poder. Verlas seguidas ayuda a comparar miradas y a detectar qué cambios se están contando en el cine mexicano reciente.

