- 📋 En 2025 la cultura se explicó en listas porque el feed ya no soporta discursos largos
- 🌀 “We’re so over/so back” fue el termómetro emocional de un año agotador y memético
- 🧠 Leer listas bien es entender poder, algoritmo y deseo, no solo “lo mejor del año”
Listas de cultura 2025 por todas partes: “we’re so over”, “we’re so back”, rankings absurdos… y aun así no podemos parar. No van solo de gustos: son una brújula emocional para sobrevivir al feed y a la saturación.
A los cinco segundos de abrir el móvil, 2025 te lo deja claro: la cultura ya no se narra, se enumera. Una lista de “momentos en los que estábamos hartísimos”, otra de “momentos en los que volvíamos a creer”, rankings de comebacks, de vídeos que merecían IMAX, de hábitos para dejar Spotify… y, de repente, te descubres asentando como si fuese un parte meteorológico.
El ángulo fácil, el de siempre, sería decir que “nos encantan las listas” porque son rápidas y adictivas. Vale, sí. Pero el giro interesante es otro: las listas de cultura 2025 funcionan como un test de estrés. No ordenan solo canciones, series o memes. Ordenan ansiedad, nostalgia, desconfianza y esa necesidad casi fisiológica de decir: “ok, ¿en qué punto del caos estamos?”.
Un buen ejemplo de esta fiebre es la “Listmania” de The FADER, esa pieza de fin de año que convierte el 2025 en 34 mini-listas con el pulso de internet. Está aquí, con fecha y todo: según la propia publicación, se lanzó el 22 de diciembre de 2025 en Listmania de The FADER. Y lo que vende no es “lo mejor”. Lo que vende es reconocimiento. Qué alivio, pensarás, no soy la única persona que sintió que el año era demasiado.
Las listas como antídoto al discurso
El cliché: “el público ya no tiene atención”. La realidad: el público sí tiene atención, lo que no tiene es paciencia para el relleno. En un año donde se mezclan megafusiones imaginables e inimaginables (el texto bromea con una mezcla Netflix-Warner-HBO-Disney) con la vida cotidiana convertida en tendencia, la lista se vuelve un formato honesto: te dice “esto va de puntos, no de épica”.
Mira cómo funciona el binomio “we’re so over / we’re so back”. No es solo humor. Es un lenguaje emocional comprimido que permite decir mucho sin ponerse intenso. En un scroll donde conviven “Reels para TV”, “Sora slop” (la sensación de que lo generado por IA se vuelve papilla visual) y la guerra por conseguir entradas para un concierto, el formato lista es un salvavidas. Porque no pide fe, pide reacción.
Y hay otra capa: la lista es una manera de discutir sin discutir. Te planta un ranking y te invita a pelear en comentarios con un “¿cómo que esto está en el 15?”. Es debate, pero en modo rápido. En España se vio clarísimo con la conversación constante sobre algoritmos de TikTok y el desgaste de Instagram, pero también con la vuelta cíclica a lo “de antes”: CDs vintage, iPods “por estética y función”, radios online tipo Radio Garden. No es tecnofobia. Es control: recuperar una escucha que no parezca una recomendación pagada.
Pregunta real: ¿por qué una lista te engancha incluso cuando sabes que es arbitraria? Porque no promete verdad, promete tribu. La lista te dice “si entiendes esto, estabas allí”.

“Over/Back”: el termómetro de un año raro
En esa “Listmania”, el apartado “Momentos cuando estábamos tan hartos” no es una enumeración inocente. Es un mapa del desborde: instituciones usando audios virales en TikTok, obsesiones nutricionales, criptomonedas como gag político, tickets imposibles para eventos en directo, y esa nube pesada de contenidos generados por IA que ya no sabes si mirar o esquivar.
Aquí aparece el verdadero tema 2025: la crisis de autenticidad. No porque todo sea falso, sino porque todo puede parecerlo. La lista “Times we were fooled by AI” es un chiste, sí, pero también una confesión colectiva: nos estamos acostumbrando a dudar.
En medio de ese ruido, el año también tuvo un “we’re so back” muy claro: los renacimientos. La propia pieza celebra “-issances” (esa forma meme de narrar el retorno de una era) y comebacks. Y ahí hay una lectura cultural bonita: cuando el futuro da pereza, se vuelve sexy reordenar el pasado.
Hay un tuit citado en la pieza que lo resume con una frase sencilla, casi cansada, como quien mira el feed con las manos en los bolsillos:
“This AI shit is crazy word” — Max B, en X (16 de diciembre de 2025)
No es un manifiesto. Es el suspiro de un año.
Y ojo, lo “back” no siempre es nostalgia pura. También es reacción contra la hiperoptimización: contra la vida “demure” de manual, contra la obsesión por la proteína, contra el branding de celebrities que te estresa más de lo que te inspira. Por eso cuando una lista dice “let our girls rest” hablando de campañas de marketing, no es solo fanservice: es cansancio del capitalismo disfrazado de contenido.
Cómo leer listas sin tragarte el hype
Lo útil de las listas no es obedecerlas. Es leerlas como si fuesen críticas culturales disfrazadas de meme. Si te quedas solo con “qué puesto ocupa X”, pierdes lo mejor: qué valores está premiando el momento.
Un mini-filtro para no comerte la lista entera sin masticar:
- ¿Qué emoción organiza? Si es “over/back”, está midiendo fatiga y alivio, no calidad.
- ¿Qué poder legitima? Plataformas como Netflix o TikTok aparecen como clima, no como detalle.
- ¿Qué nostalgia vende? El retorno a formatos físicos suele hablar de control, no de pose.
Y una recomendación práctica, cortita: elige una lista y úsala como puerta. Si te da curiosidad un nombre, ve a la fuente original (un videoclip, un EP, un directo), no al resumen de otro.
También conviene recordar algo: las listas no son neutrales. Son un retrato del público al que se dirigen. The FADER escribe desde un ecosistema muy específico, con jerga, con bromas internas, con ese gusto por lo hiperconcreto. En Madrid, ese tono tiene su equivalente cuando el debate cultural se cuece en stories, en Telegrams de amistades y en el “pásame el link” eterno. La lista es el puente: lo suficientemente simple para circular, lo suficientemente afilada para marcar posición.
Y sí, a veces da rabia. A veces sientes que la cultura se vuelve un Excel emocional. Sé lo que se siente. Pero también hay algo liberador en aceptar que, en 2025, muchas conversaciones solo sobreviven si caben en un formato que el algoritmo no castigue.

La cultura, en modo checklist
Al final, estas listas no “resumen” el año: lo domestican. Le ponen bordes a algo que se vivió sin bordes. Te permiten decir “esto pasó”, aunque lo recuerdes a medias, y te regalan una ilusión pequeña pero poderosa: que el caos se puede ordenar.
Yo me quedo con una idea sencilla: cuando la cultura se vuelve lista, no es porque nos hayamos vuelto más superficiales. Es porque necesitamos pruebas rápidas de que seguimos compartiendo mundo. Y en un año donde lo real y lo sintético se rozan demasiado, ese pequeño “yo también lo vi” vale oro.
Preguntas frecuentes
¿Las listas tipo “we’re so over” son crítica cultural o solo meme?
Son ambas cosas a la vez. En piezas como la “Listmania” de The FADER, el meme es el lenguaje y la crítica es el subtexto: cansancio del algoritmo, de la IA y de la economía de la atención. Léelas como termómetro emocional, no como veredicto.
¿Cómo sé si una lista está manipulada por marketing?
Fíjate en la “huella de plataforma”: si todo apunta a TikTok, Netflix o una campaña concreta, puede estar guiada por visibilidad más que por conversación orgánica. Contrasta con fuentes: busca directos, entrevistas o lanzamientos oficiales, no solo clips virales.
¿Qué hago si una lista me genera FOMO con conciertos o estrenos?
Recorta el ruido: elige un solo evento o estreno al mes y cúmplelo. En 2025, hasta el propio fenómeno de “imposible comprar entradas” aparece como tema cultural, así que no es solo cosa tuya. Tu agenda también es una curaduría.

