- 🎧 Un playlist de The FADER que parece zapping de internet hecho canción
- 🎶 “Music Baby” resume el caos bonito del pop post‑género y post‑todo
- 🌍 Del K-pop nostálgico al hyper-rap, un mapa global para salir de tu zona de confort
¿Qué tiene “Music Baby” de Jane Remover para sonar tan distinta a todo? A partir del último playlist de The FADER, abrimos mapa de un pop mutante que mezcla shoegaze, rap digital, K-pop nostálgico y rabia femenina en bucle.
Un zapping emocional llamado “Music Baby”
Cinco minutos. Eso dura “Music Baby” de Jane Remover y, en ese rato, pasa más de lo que en muchos discos enteros. Shoegaze borroso, rap digital, pop futurista que parece pirateado del año 2040. Todo dentro de un mismo tema que muta, se retuerce y vuelve a empezar.
En el último recopilatorio de canciones de la semana de The FADER, esa pista abre sin avisar la puerta a algo muy concreto: un pop hecho desde internet, por gente que ya no cree en las fronteras de género musical, país o escena.
La gracia no es solo qué canciones han elegido, sino lo que cuentan juntas sobre cómo escuchamos música ahora.

Jane Remover y el placer de no encajar
La descripción que hace The FADER de “Music Baby” es casi un manifiesto: hablan de Jane Remover como alguien capaz de hacer shoegaze, digi-rap o pop del próximo siglo, y que sus mejores temas son los que mezclan todo a la vez.
“Music Baby es cinco minutos de música camaleónica de género, música, baby”, resumía el crítico Tobias Hess en The FADER.
La clave está ahí: camaleónica. No es una canción que cambie de sección por capricho, es una pieza que reproduce la forma en que escuchamos en 2025: saltando de un micro-género a otro, con diez referencias abiertas en la cabeza como si fueran pestañas del navegador.
En “Music Baby” conviven:
- guitarras borrosas que remiten al shoegaze más sentimental,
- texturas digitales cercanas al rap hecho en Discord,
- melodías pop que podrías imaginar en un opening de anime distorsionado.
Todo suena frágil y agresivo a la vez, íntimo pero gigante. Esa contradicción es el idioma emocional de una generación que vive online el 90% del día.
Yo también lo viví: la primera vez que puse “Music Baby” sentí que estaba escuchando un timeline entero comprimido en un solo tema.
Para un oyente hispanohablante, quizá distante de la escena digicore anglo, este tipo de canción funciona como puerta de entrada: no hace falta saber el nombre del subgénero para notar que ahí hay algo que se está rompiendo y reformando en tiempo real.
Rage, brillo, obsesión: un mapa en 10 pistas
Alrededor de Jane Remover, el playlist de The FADER va dibujando un mapa bastante preciso de hacia dónde se está moviendo el pop alternativo global.
Choques de escenas y cuerpos en tensión
Tienes, por ejemplo, “How Greedy” de Len con Theodora: hyper-rap británico chocando contra pop francés sobre bases bouyon y una estética de SoundCloud rage. Todo rápido, saturado, casi demasiado… hasta que tu oído se acostumbra y descubres que ahí hay una energía muy parecida a la de ciertas escenas de trap español o argentino, pero con otros códigos.
En el otro extremo, Pretty Sick vuelve con “Star”, un rock de Nueva York con aura de resaca glam: guitarras sucias, un sintetizador que entra como alarma de incendio, y esa sensación de estar viendo la ciudad desde un taxi a las cinco de la mañana.
Yung Eman y Eline Vherodia llevan ese caos al terreno del rap de Sheffield con “popstar in da bits”: un tema que suena a ordenador a punto de explotar, futurista y hortera a la vez, como si alguien hubiera pedido que actualizasen a Kreayshawn para 2065.
Las voces femeninas mandan buena parte del relato. Eli, con “Glitter”, se coloca sin complejos como “nueva princesa del pop” con una línea mortal: “You should be his baby, not his babysitter”. Ahí hay todo un mini ensayo sobre cómo se nos ha educado a cuidar a tíos emocionales que ni siquiera se cuidan a sí mismos.
Y luego llega Lexa Gates con “Estranged”, que lleva la obsesión romántica al extremo violento, rapeando sobre fantasías de venganza contra las mujeres que se acercan a su pareja. La letra podría ser pura red flag, pero su delivery tiene una suavidad casi de Amy Winehouse reencarnada en rapera, lo que la convierte en un personaje incómodo y fascinante.
En paralelo, Aliyah’s Interlude entra con “MINISKIRT”, un tema que se construye desde un grito de vestuario de animadoras: “We’re sexy, we’re cute…”. Juego, sexualidad, humor y un punto de autoparodia que encaja perfecto con lo que promete su próximo disco, Kuntology 101.
Más abajo en el listado, The Deep firma con “Lucky Star” lo que The FADER define abiertamente como carta de amor al K-pop de segunda generación. El álbum del que sale, KPOP B!TCH, mira descaradamente a 2008: hooks pegajosos, brillo neón, club-pop pensado para pistas de baile y para fans que aún guardan recuerdos de los primeros videoclips en HD.
Cerrando el viaje, Niontay aparece con “100DAYS100NIGHTS”, un rap arrastrado, lleno de ladridos, sirenas y motores que rugen. Su voz, casi monocorde, se pega más por textura que por frase. Es la anti-épica convertida en actitud.
Cuatro claves para entender este micro-momento
Para no perderse entre tantos nombres y escenas, hay tres ideas que ayudan a colocar este playlist en la cabeza:
- Género líquido: casi todas las canciones mezclan referencias de mundos que antes se consideraban incompatibles.
- Furia y brillo: coexisten la rabia del rage-rap y la fantasía pop de princesas, cheerleaders y estrellas K-pop.
- Nostalgia acelerada: 2008 ya es “retro”, y se remezcla con sonoridades hiper actuales.
- Local globalizado: Sheffield, Nueva York o Seúl importan menos que el hecho de sonar nativos de internet.
Si te suena familiar esa sensación de abrir Spotify, ver veinte playlists y acabar poniendo “lo de siempre”, sé lo que se siente: por eso este tipo de selecciones editoriales son valiosas, porque alguien ha hecho ya el trabajo de minería por ti.
Pequeño truco práctico: escucha este tipo de playlist entero, una vez, sin saltar temas, y apunta solo el par de canciones que te hayan removido algo raro. Esa incomodidad suele ser buena señal.

Lo que dice de nosotros como oyentes
Detrás de esta lista de temas hay algo más interesante que el “descubre artistas nuevos”. Lo que aparece es un modelo distinto de escuchar.
En la era de las recomendaciones automáticas de Spotify o Apple Music, que un medio como The FADER siga sacando semanalmente un “Songs You Need In Your Life” no es nostalgia de revista, es resistencia: criterio humano frente a pura estadística.
Este tipo de playlists funcionan casi como pequeñas crónicas culturales:
- registran escenas que quizá nunca pisen la radio convencional;
- ponen en diálogo geografías que el algoritmo tendería a separar por idioma o mercado;
- dan contexto: en el texto ves palabras como bouyon, 2nd-gen K-pop, rage, digicore… y empiezas a conectar puntos.
Para quienes escuchamos desde España o Latinoamérica, hay algo muy potente en asomarse a estas cápsulas: te das cuenta de que la ansiedad, el humor absurdo, la sensualidad autoparódica o la nostalgia Y2K se están procesando de forma parecida en muchos sitios a la vez, aunque los acentos cambien.
En última instancia, un tema como “Music Baby” y el resto de esta selección hablan de cómo suena crecer con el timeline siempre encendido: identidades cambiante, sentimientos contradictorios, ganas de hacer ruido y, al mismo tiempo, de encontrar un rincón propio entre tanta saturación.
Quizás por eso estas canciones atrapan: no porque sean “raras”, sino porque reconocemos en ellas algo del caos con el que intentamos organizarnos la vida.
Al final, “music, baby” no es solo un título ingenioso, suena casi a recordatorio. Entre notificaciones, dramas y scroll infinito, todavía hay cinco minutos en los que puedes cerrar todo y dejar que una canción te descoloque un poco y te reordene por dentro.
Preguntas frecuentes
¿Por dónde empiezo si quiero escuchar más de Jane Remover?
Lo más directo es ir a su perfil en Spotify o en tu plataforma habitual y escuchar primero los singles más recientes, incluido “Music Baby”. Después, explora sus trabajos anteriores para notar la evolución hacia esta mezcla de shoegaze y rap digital. Empieza siempre por lo último y retrocede.
¿Hay artistas en español que vayan por una línea parecida?
No suenan igual, pero hay sintonía en la mezcla de géneros y sensaciones con escenas de hyperpop y trap experimental en España y LATAM, desde proyectos underground en Madrid hasta colectivos digitales en Ciudad de México. Busca playlists de “hyperpop en español” para empezar a tirar del hilo.
¿Dónde encuentro más playlists editoriales como la de The FADER?
Además de The FADER, muchas plataformas tienen secciones editoriales propias: en Apple Music y Spotify verás playlists firmadas por sus equipos, no por algoritmos. Fíjate en las descripciones y créditos. Seguir a unos pocos curadores de confianza suele ser más útil que mil playlists aleatorias.

