- 🔥 Gibbs cruza jazz, hip‑hop y texturas sci‑fi sin miedo
- 🎛️ Beats serpenteantes, bajo magnético y diseño sonoro quirúrgico
- 🎧 Tres pistas puerta de entrada a un viaje inesperado
¿Melvin Gibbs en modo beat tape? Sí, y funciona. Amasia te lleva del espíritu de Miles a un club imaginario donde el bajo manda, el beat respira y cada detalle cuenta.
¿Melvin Gibbs hace un beat tape de jazz?
¿Sabías que un disco puede sonar a estudio de grabación y a calle al mismo tiempo? Amasia: Anamibia Sessions 2 lo consigue. Melvin Gibbs, bajista clave entre el jazz, el funk y el art rock, se pone en modo alquimista: baja las luces, enciende los VU meters y arma instrumentales que respiran, sudan y vibran. No es un “volumen 2” al uso. Donde la primera entrega fue casi una pieza atonal y abstracta, aquí hay pulso, trama rítmica y un groove que pide auriculares buenos. Desde Madrid, lo escuché cruzando Gran Vía al atardecer y me atrapó esa sensación de ciudad futurista: bajos elásticos, texturas que chisporrotean y silencios que importan.
Amasia no “copia” el pasado: lo remezcla con cariño. Planea la sombra de las odiseas eléctricas de Miles Davis y la edición visionaria de Teo Macero (ese espíritu Agharta que convierte improvisaciones en arquitectura). Pero el idioma es 2025: beats con ADN hip‑hop, guiños a la era dorada del jazz‑rap y un diseño sonoro que mira de frente a la electrónica experimental. Por eso, aunque vayas por el bajo magnetizante de Gibbs, te quedas por la dramaturgia del espacio.

Jazz, hip‑hop y laboratorio: el mapa del disco
Melvin Gibbs se comporta aquí como un director de escena: ordena entradas, deja aire, corta frecuencias para que el golpe del bombo respire. El bajo no es solo protagonista: es el narrador. Entre sus capas asoman el piano eléctrico de Onaje Allan Gumbs (fantasmal y táctil), la guitarra rasposa con aroma setentero y, en varios cortes, la percusión vocal precisa de Napoleon Maddox que articula el beat como si fuera una caja de ritmos humana. Resultado: instrumentales que no necesitan raperos para contar historias.
Hay dos líneas de fuerza. Una, el groove texturizado: ritmos con sabor a club de los 2000, pero erosionados, como si hubieran pasado por un túnel de neón y polvo. Otra, el cine en la cabeza: capas ambientales, ruidos filtrados, delays y reverbs que construyen paisajes. La suma suena a jazz contemporáneo, sí, pero también a beat scene, a ese linaje de productores que prefieren el matiz a la pirotecnia. Si te gustan discos que “se cocinan a fuego lento”, aquí hay cocina de autor.
3 pistas que no puedes saltarte de Amasia
- Felonious Monk: Bajo anguloso, piano eléctrico que serpentea y efectos que evocan una megalópolis futurista. Una bienvenida hipnótica.
- Gullah Style Jack: Jazz‑funk con músculo; la percusión vocal empuja hasta el subidón final. Pura energía controlada.
- O.G. Dreams of Lost Love: Vuelta a Tierra firme. Texturas celestiales, bajo íntimo; cierra como un epílogo melancólico.

Cómo suena realmente: texturas, bajo y espacio
Amasia funciona por capas. En la base, drum programming de trazo firme: no busca el punch EDM sino el swing que te hace mover la cabeza. Encima, el bajo dibuja motivos que reaparecen como leitmotivs, dialogando con pianos eléctricos y guitarras que añaden grano. A veces el ritmo se disuelve y gana el diseño sonoro: campanas procesadas, ruido tratado, respiraciones y “bocas” que percutan. Es aquí donde Gibbs demuestra oficio: sabe cuándo retirar elementos para que el oído complete el cuadro.
Lo interesante es el contraste de temperaturas: graves cálidos, medios arenosos, agudos con brillo medido. Nada satura, nada chorrea. Es un disco para escuchar con detalle —ideal en cascos— y a volumen medio‑alto en altavoces, donde el subgrave se expande sin enturbiar. Si vienes del hip‑hop instrumental, entrarás por el beat; si llegas desde el jazz eléctrico, te engancharán los timbres; si te atrae la electrónica ambiental, te quedarás por el espacio.
Por qué importa hoy: contexto, ecos y cruces
Más allá del placer sonoro, Amasia dialoga con una tendencia que vengo notando en salas de Madrid y playlists de amigos: músicos de jazz produciendo como si fueran beatmakers, y productores incorporando la respiración del directo. No es nostalgia setentera ni revival noventero; es un lenguaje híbrido, sin miedo a lo impuro. En ese cruce, el bajo deja de ser “acompañante” para ser motor narrativo, y la edición se convierte en escritura.
Quien espere solos interminables quizá se sorprenda con la contención; quien busque rap encima, descubrirá que el groove aguanta solo. Si quieres referencias críticas, la lectura de la reseña en The FADER aporta un ángulo muy afinado sobre las influencias eléctricas y la sorpresa de este “segundo volumen” que se comporta como universo nuevo (ver la reseña de Amasia en The FADER). Yo me quedo con una imagen: noche templada en Lavapiés, el bajo marcando el paso, y esa sensación rara —y necesaria— de estar escuchando algo que no necesita pedir permiso a ninguna escena.
- Para quien es: curiosos del jazz eléctrico, fans del hip‑hop instrumental, amantes de la producción con lupa.
Al final, Amasia recuerda que el futuro del groove no es más fuerte ni más rápido: es más atento. Cuéntanos: ¿por dónde entraste tú, por el beat o por el bajo? Únete al debate en X e Instagram y comparte tu tema favorito del disco.

Preguntas frecuentes
¿Dónde escuchar Amasia legalmente en España y LatAm?
Está disponible en las principales plataformas de streaming: Spotify, Apple Music y similares. Si buscas comprarlo, revisa tiendas digitales y bandcamp del sello o del artista. Así apoyas directo al creador.
¿En qué se diferencia Amasia de Anamibia Sessions 1?
La primera entrega era más abstracta y atonal, casi una suite de texturas. Amasia apuesta por beats claros y groove reconocible, sin perder el gusto por el diseño sonoro y la experimentación.
¿Me gustará si no soy “de jazz”?
Probablemente sí, si te atraen los instrumentales hip‑hop, el ambient con pulso o los discos “de estudio” que cuidan el detalle. No exige teoría musical; pide oídos curiosos.
¿Es un disco para directo o para cascos?
Funciona en ambos, pero luce especialmente en auriculares buenos por su trabajo de frecuencias y microdetalles. En sala, el subgrave y la percusión vocal ganan cuerpo y te envuelven.

