- 💸 Invirtió 100 millones y aun así no logró sostener una escuela para familias vulnerables
- 🎯 La Chan Zuckerberg Initiative cambia de rumbo y apuesta ahora por la IA y la ciencia
- 📉 Padres indignados y una pregunta incómoda: ¿vale algo la filantropía sin compromiso real?
¿Sabías que Mark Zuckerberg ganó 79 mil millones en 2024 pero cierra su escuela para niños vulnerables? Te cuento la historia tras bambalinas.
El sueño (y la caída) de una escuela ejemplar
La noticia me dejó pensando desde el primer minuto: Mark Zuckerberg, cuyo patrimonio superó los 200 mil millones de dólares en 2024 —¡sí, leíste bien!—, decidió cerrar The Primary School, un ambicioso proyecto educativo creado junto a su esposa Priscilla Chan para apoyar a niñas y niños de familias desfavorecidas. ¿Cómo es posible que uno de los hombres más ricos del mundo no logre sostener una escuela con impacto social tan directo?
No es la típica historia sobre multimillonarios y caridad; aquí hay matices muy reveladores sobre el poder, la imagen pública y las verdaderas prioridades detrás de ciertas iniciativas filantrópicas. Como periodista cultural y fan declarada del cine documental, no puedo evitar conectar este caso con otros ejemplos históricos donde la filantropía sirvió tanto para construir legados como para mejorar relaciones públicas.
¿Por qué cerró una escuela con respaldo millonario?
La pregunta resuena fuerte entre padres y comunidad: «Si él puede invertir 100 millones en unos años… ¿por qué dejar morir el proyecto justo ahora?» El colegio dependía casi totalmente del apoyo económico de la Chan Zuckerberg Initiative (CZI), llegando a recibir cerca de 100 millones entre 2018 y 2024. Pero nunca consiguió autofinanciarse ni despertar entusiasmo entre otros donantes públicos o privados.
Jean-Claude Brizard, presidente del consejo escolar, fue tajante: «Nada que dependa enteramente de filantropía será sostenible a largo plazo». Una frase que retumba en estos tiempos donde las grandes fortunas parecen decidir arbitrariamente qué proyectos merecen continuar.
Filantropía vs. estrategia empresarial: ¿quién gana?
Aquí es donde la película se pone interesante (y un poco incómoda): mientras The Primary School cierra por falta de fondos externos, Zuckerberg sigue creciendo su fortuna personal —solo en 2024 sumó ¡79 mil millones!— y redirige esfuerzos hacia áreas más rentables o mediáticas como inteligencia artificial y ciencia.
Las razones oficiales nunca son tan claras como quisiéramos: la CZI justificó que quiere priorizar investigación científica e IA. Pero no podemos ignorar el contexto político reciente en EE.UU., con el regreso de Trump al poder y los movimientos públicos del propio Zuckerberg acercándose al nuevo presidente. ¿Casualidad? Como buena crítica cultural, veo aquí una estrategia pensada para influir en nuevas agendas…
Familias desamparadas: el otro lado de Silicon Valley
He leído testimonios desgarradores de padres que confiaban en The Primary School como refugio educativo e incluso sanitario para sus hijos. Muchos expresan rabia e incredulidad: “Él es un billonario… ¿por qué decide cerrar justo ahora?”
Lo más doloroso es cómo estos proyectos nacen con promesas enormes y acaban siendo víctimas de las mismas lógicas empresariales que supuestamente intentan cambiar. Silicon Valley presume innovación social pero sigue dejando atrás a quienes más necesitan estabilidad.
¿Qué nos enseña este cierre sobre el futuro de la filantropía?
Como alguien que ha seguido decenas de documentales sobre educación alternativa y modelos sociales emergentes —desde Finlandia hasta barrios periféricos madrileños— sé que ningún cambio real ocurre si todo depende del dinero (o caprichos) de una sola persona o empresa.
Este caso debería ser punto de inflexión para debatir:
- ¿Deberían las escuelas sociales depender tanto del dinero privado?
- ¿Es compatible el modelo Silicon Valley con soluciones públicas sostenibles?
- Qué papel juega la imagen pública cuando la realidad golpea puertas cerradas
- ¿Qué alternativas existen hoy fuera del circuito tradicional filantrópico?
Mi consejo como periodista: mirar más allá del brillo mediático y exigir transparencia sobre dónde va realmente ese supuesto “dinero para cambiar el mundo”. Si te interesa profundizar en modelos innovadores te recomiendo explorar lo que hace Ashoka España apoyando emprendedores sociales independientes.
Perspectiva local: eco en España y Latinoamérica
Esta historia también resuena aquí: durante años hemos visto iniciativas privadas queriendo arreglar problemas estructurales sin suficiente colaboración pública o comunitaria real. Basta recordar proyectos educativos impulsados por grandes bancos o tecnológicas españolas; muchos naufragan al perder interés mediático o político.
Quizá es hora —como sociedad civil— de tomar nota y apostar por modelos mixtos, cooperativos o plenamente públicos donde todos participemos activamente y no dependamos únicamente del ánimo (o fortuna) volátil de un solo mecenas digital.
Reflexión final: más preguntas que respuestas…
Ver cómo se apagan luces en escuelas pensadas para transformar comunidades duele —y mucho—. Pero nos obliga a repensar cómo queremos sostener sueños colectivos cuando los reflectores se apagan.
¿Te gustaría leer historias reales desde dentro sobre otras escuelas alternativas exitosas (o fallidas)? Cuéntamelo en redes; prometo investigar y traer testimonios inéditos pronto.
Preguntas frecuentes
¿Por qué dependía tanto The Primary School del dinero privado?
El modelo nunca logró captar suficientes fondos públicos ni diversificar donantes privados porque sus resultados medibles eran limitados; además, carecía del apoyo político e institucional necesario para sostenerse sin la Chan Zuckerberg Initiative.
¿Qué hará ahora la Chan Zuckerberg Initiative?
Han declarado públicamente su intención de centrarse en investigación científica e inteligencia artificial, dejando atrás proyectos educativos directos aunque aseguran seguir comprometidos «con el bienestar social».
¿Existen alternativas viables a las escuelas financiadas por filántropos?
Sí, existen modelos cooperativos, alianzas público-privadas y experimentos comunitarios locales —especialmente activos en Latinoamérica— donde los propios beneficiarios participan directamente en gestión y financiación.

